Caída de las torres gemelas
El día 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos fue víctima de un masivo ataque terrorista, dirigido contra objetivos emblemáticos, como las Torres Gemelas de Nueva York, y gubernamentales, como el Pentágono, causando miles de víctimas fatales y dejando a ese país y al mundo en ascuas.Atentado en Nueva York
Sin embargo, los ataques terroristas de esa mañana no eran los primeros que sufrían las Torres Gemelas del World Trade Center (WTC), ya que el 26 de febrero de 1993, una camioneta cargada con explosivos había explotado en uno de los estacionamientos subterráneos de la torre Sur, matando de inmediato a seis personas y dejando unos mil heridos.
Este ataque fue imputado al activista islámico Ramzi Yussef, quien, a su vez, habría recibido apoyo financiero del integrista saudí Osama bin Laden. El objetivo del ataque había sido protestar por la relación de cooperación entre Estados Unidos e Israel.Se confirmaba, así, el ascenso que estaban teniendo, en esa década, las acciones terroristas en contra de intereses estadounidenses, tanto dentro como fuera de su territorio y que ya habían dejado cuantiosos daños materiales, cientos de muertos y heridos y probado, de alguna manera, la vulnerabilidad del país del Norte.
El 19 de abril de 1995 se produjo otro hecho de este tipo. Fue el estallido de una bomba en un edificio federal de Oklahoma City, que dejó 168 muertos y más de 5.000 heridos. No obstante, esta vez el autor del atentado, Timothy McVeigh, era un ex soldado estadounidense que, según él, lo había efectuado en reacción a la muerte de más de 80 seguidores de la secta davidiana en Waco (Texas).
Luego de esta acción, Estados Unidos recibió uno de sus peores golpes cuando, el 7 de agosto de 1998, dos bombas explotaron en un ataque sincronizado a las embajadas estadounidenses en Nairobi (Kenia) y Dar es Salaam (Tanzania). El atentado dejó un total de 258 muertos, entre ellos 12 estadounidenses, y más de cinco mil heridos. El nombre de Bin Laden sonaba, de nuevo, esta vez como responsable.
Tras esta acción, el entonces Presidente de EE.UU., Bill Clinton, ordenó el bombardeo contra Sudán y Afganistán. Aquí es donde, según los analistas, se produce el punto de inflexión que podría haber cambiado el curso de los acontecimientos futuros, ya que se señala que Clinton desaprovechó la oportunidad de haber capturado a Bin Laden y haber liquidado su red terrorista Al Qaeda. Más aún si, como se ha indicado, desde que las tropas estadounidenses derrotaron a las fuerzas del líder iraquí Saddam Hussein, dando por finalizada sus operaciones en la Primera Guerra del Golfo en 1991, Estados Unidos había sufrido varios ataques de este nuevo enemigo invisible: el terrorismo islámico.